domingo, 19 de abril de 2009

Soliloquio del Hombre Solo

Y bueno...
¿Ahora qué?
simplemente no se,
otra vez ella está frente a mí
y es lo mismo de siempre.
Así como por algúna extraña razón la basura hiede igual en toda mi ciudad,
yo la vuelvo a amar una y otra vez,
-en silencio-.
Aún cuando me convenzo de que no debería hacerlo.

Mi mirada en ella se centra:
la miro hablar,
escucho su mirada,
y siento como arde su llama en mi interior.
Ella tiene control de mí, más del que yo mismo tengo,
más del que me gustaría admitir,
pero es cierto.

Y tras haber mirado su rostro,
tras haber sido feliz por un instante
que pudo llenar mi vida y mi existencia por siempre,
vuelvo a llorar un llanto sordo generado por mí,
por mí incapacidad.

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